CAPÍTULO I
Todo a mí alrededor
-¿Me escuchas?
-Mamá
-Que pasó
-¡Date prisa, corre, corre!
Abro mis ojos y miro alrededor, veo las cosas y no sé ni que son, hay personas en la habitación que no conozco y empiezo a sentir temor.
Estoy en una cama blanca, la habitación es pequeña hay médicos alborotados saliendo y entrando de la habitación. En el centro de la habitación estoy yo, a mi lado derecho un médico diagnosticándome, era alto y con barba de tres días. A mi lado izquierdo había una mujer, un hombre y un chico. La mujer era de estatura media, ojos marones y pelo corto, el hombre era alto, caniento, de ojos claros y el chico era alto de ojos marrones y pelo castaño.
Todo ello me asustó, no entendía nada hablaban todos a la vez y el médico no paraba de observarme, en cuanto salió a buscar un tensiómetro, me arranqué las agujas y salí corriendo, tenía miedo estaba desorientada. Corrí por el pasillo tirando todo lo que estaba en mi paso para que no me cogieran. Mis manos tenían sangre y me dolían pero yo seguía sin mirar a tras, todos me seguían y gritaban – ¡detente, detenedla!. Al fín salí de ese lugar y corrí hasta llegar a un parque donde había un bosque, allí trepé un árbol para esconderme, sorprendida pero a la vez asustada, me quedé observando a la gente que andaban buscándome por todos lados. Al anochecer cuando vi que no había nadie, baje del árbol y me puse a andar por el bosque en busca de refugio. Tenía hambre y muchísimo frio la noche era oscura pero a veces la luna iluminaba entre las ramas de los árboles no tenía si no un camisón blanco las piedras se me clavaban en los pies y los mosquitos me picaban. El dolor de las heridas de mis manos me hicieron darme cuenta que portaba en mi brazo izquierda una pulsera en la que ponía un nombre con los apellidos y un número que desconocía. En ese momento intenté recordar mi nombre, pero no lo lograba, ni si quiera con mis apellidos, pero ese nombre que tenía en la pulsera ¿era mi nombre realmente? O en cambio, ¿esa gente me hizo algo para olvidar quien era yo? La verdad no lo sabía pero lo único que quería en ese momento era refugiarme y descansar en algún lugar cálido.
Seguí caminando cada vez más cansada crucé un barranco y llegué a una casa la cual no estaba habitada, lo descubrí al ver las hojas caídas encima del porche y los cristales sucios de tierra. La casa era pequeña pero acogedora tenía dos escalones que llevaban hacia la puerta y a los lados había unos bancos y unas sillas con su correspondiente mesa todo de madera. Alrededor no habían casas pegadas si no que estaban muy alejadas unas de otras así que decidí refugiarme allí pero no podía entrar la puerta estaba bien cerrada, al igual que las ventanas pero estaba agotada no podía más. Fui a la parte trasera de la casa en búsqueda de más ventanas pero allí tan solo había unas escaleras que llevaban hacia otra puerta trasera que llevaría al segundo piso, pero estaban desgastadas con el paso del tiempo e incluso habían escalones estropeados y otros rotos, aun así decidí subir con mucho cuidado a ver si esa puerta estaba abierta, pero cuando llegué estaba cerrada, aunque observé que a los lados de la puerta, colgaban dos macetas con las plantas estropeadas pero una de ellas estaba como más desviada como si algo hubiera tras ella y la quité, como imaginé la llave de esa puerta estaba allí colgando dentro de una bolsa plástica. Cogí la llave y entré cuando abrí me llego olor a humedad extendí mi brazo por la pared para encender la luz y di con ella era como un trastero en lo que cerraba la puerta me di cuenta que tenía los brazos, manos, cara, piernas y pies congelados no paraba de temblar pero poco a poco entré en calor. Habían muchos muebles viejos, lámparas un espejo grande, libros tirados encima de los muebles en tongas, todo estaba lleno de polvo y tela de araña, la luz no alumbraba mucho era cálida, luz amarilla. Abrí un armario el cual le faltaba algunos pomos a las puertas y cajones, al abrir una de las puertas se me cayó al no tener tornillos uno de los lados de la puerta, al mirar dentro del armario vi que había ropa no dude un segundo en ponérmela para abrigarme un poco aunque oliera a humedad y ha guardado, me quedaba un poco larga pero no me importaba. Limpié un rincón como pude, puse ropa en el suelo y allí dormí hasta la mañana siguiente.
Cuando desperté salí a ver dónde estaba, observé a mí alrededor por si hubiese alguien buscándome ¿para qué me querrá esa gente? No me gustaba cómo me trataba, me sentí como si fuera una prisionera con vigilándome y los médicos poniendo cosas que ni si quiera sabía que era y luego cuando me escapé un montón de gente intentando detenerme. No recuerdo nada, ni mi nombre ni apellidos, ni si quiera los años que tengo, pero como puedo recordar, como hablar, andar, etc. Qué extraño es el cuerpo humano.
Miré a mí alrededor de nuevo, era un sitio tranquilo, parecía haber un barrio pero estas casas estaban un poco alejadas de ello. Fui a investigar un poco para ver cómo era y para ver si lograba recordar algo. El barrio tenía muchos callejones, era tranquilo o eso parecía habían muchas casa de distintos colores algunas de ellas estaban estropeadas, al fondo observé que había una fuente, y algunas tiendas como supermercados, panadería, frutería, etc.
De repente escuché que se acercaba gente y me escondí en uno de esos callejones antes de que me descubrieran, justo esa gente se paró en frente de ese callejón en el que estaba escondida, las manos me sudaban, el corazón me iba a cien, estaba helada no sabía qué hacer, pero sólo se habían parado a hablar un segundo el cual me pareció un montón de tiempo. Respiré hondo y cuando estaba saliendo del callejón, agarraron mi brazo con mucha fuerza y me tiraron hacia dentro del callejón, del tirón me dio la vuelta hasta tenerme frente a frente, ese hombre mirándome a los ojos fijamente, me quedé helada ¿Qué querría? ¿Era alguien de esa gente de la cual escapé? ¿O si no era así que quería de mí? Estoy muy asustada, no paraba de darme sustos y ahora ¿que he de hacer si me tiene sujeta fuertemente y mirándome sin decir nada?, no puedo escapar.